El Pincha ganó 1-0 en la Neo Química Arena con un golazo de Alexis Castro a los 87 minutos y se metió en las semifinales de la Copa Libertadores. Corinthians tuvo la última palabra desde los doce pasos, pero Memphis Depay tiró el penal por encima del travesaño. Una noche de carácter, resistencia y épica para el equipo platense.

Estudiantes de La Plata volvió a demostrar que en la Copa Libertadores hay partidos que se juegan con los pies, pero también con la cabeza, el carácter y una capacidad especial para soportar la presión. En una noche de enorme tensión en San Pablo, el equipo argentino derrotó 1-0 a Corinthians en la Neo Química Arena, cerró la serie de cuartos de final con un global de 2-1 y se metió entre los cuatro mejores equipos del continente.
El partido parecía encaminado inexorablemente hacia los penales. Después del 1-1 de la ida en La Plata, Corinthians necesitaba ganar ante su gente y salió a buscar el resultado, mientras Estudiantes apostó por un partido cerrado, físico y de enorme concentración. Durante buena parte de la noche ninguno consiguió quebrar el cero y la tensión fue creciendo minuto a minuto.
Y cuando parecía que la serie ya tenía reservado el capítulo de los doce pasos, apareció Alexis Castro. A los 87 minutos, el mediocampista encontró el espacio y conectó un espectacular remate de volea después de la asistencia de Tomás Palacios. La pelota terminó en el arco brasileño y desató una explosión de alegría en el banco y en el campo de juego: Estudiantes pasaba a ganar 1-0 y quedaban apenas unos minutos para defender la clasificación.
Cuando ya se jugaba el tiempo agregado, una mano dentro del área derivó en un penal para Corinthians después de la revisión del VAR. El empate estaba a un remate de distancia y la posibilidad de llevar la serie a la definición desde los doce pasos apareció frente a Memphis Depay, una de las grandes figuras del conjunto brasileño.
El neerlandés tomó la pelota, acomodó el remate y tuvo en sus pies la última oportunidad de mantener con vida al Corinthians. La tiró por encima del travesaño. El festejo de Estudiantes fue inmediato: los jugadores se abrazaron, mientras del otro lado la incredulidad se apoderaba de un estadio que había imaginado una noche completamente diferente.