Pese al relato oficial de “transparencia y rebaja de costos”, el proceso consolida un entramado de amiguismo empresarial que salpica al riñón del poder libertario.

La gestión de Javier Milei concretó uno de los movimientos económicos y políticos más ruidosos y controvertidos de su mandato: el cierre definitivo de la licitación de la Vía Navegable Troncal (Hidrovía Paraná-Paraguay).
Este martes, en un intento por acelerar el trámite y maquillar el denso clima de sospechas que rodea al expediente, el Gobierno nacional formalizó la firma del contrato de concesión, entregándole formalmente la llave del comercio exterior argentino al gigante belga Jan De Nul, en sociedad con la firma local Servimagnus.
Detrás de la retórica oficialista que celebra que el proceso concluyó “sin impugnaciones”, se esconde una profunda grieta de denuncias por direccionamiento, pliegos hechos a la medida de los ganadores y un evidente entramado de amiguismo empresarial que apunta en línea recta hacia las terminales de decisión del oficialismo.
No se trata de un negocio menor: por esta estratégica ruta fluvial ingresa el 80% de las divisas por exportaciones del país y operan más de 60 terminales portuarias clave para la economía nacional.
Fuente : Minutouno