La medida implica el cese inmediato de más de 900 servicios y ensayos técnicos, afectando tanto a consumidores como a empresas del sector privado. El organismo ya perdió 700 puestos de trabajo en la era libertaria.

El gobierno de Milei sigue aplicando políticas de ajuste sobre el entramado productivo. En este caso, le tocó de nuevo al Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), en donde se anunció la eliminación de una serie de servicios que proveía al sector privado. Uno de los más sensibles: el control de alimentos y bebidas.
La resolución del directorio mileista del INTI resuelve de un plumazo el cese de una serie de ensayos y prestaciones técnicas que funcionaban como soporte para empresas, organismos de control y consumidores. Estos controles que hacía el INTI servían como instancia de verificación independiente de las empresas sobre calidad, composición y seguridad alimentaria.
En su resolución, el Consejo Directivo del INTI advierte que cesarán una extensa serie de servicios, con efecto inmediato. La lista es realmente muy larga: análisis de aditivos, antioxidantes y edulcorantes, estudios de vida útil, perfil sensorial, contenido de cafeína o detección de contaminantes como micotoxinas, medición de textura, color y propiedades funcionales de alimentos y el análisis de compuestos específicos en carnes, lácteos, aceites, bebidas y productos procesados. Se eliminan, además, controles sobre sustancias como aspartamo, sucralosa o acesulfame K, antioxidantes y perfiles cromatográficos. Y la lista sigue y sigue.
¿Qué quiere decir esto en la práctica? Que todos esos controles, de seguir hacíendose, se harán de forma privada y lejos de la órbita y el control del Estado. Y que los que consuman los alimentos tendrán una herramienta menos de seguridad.