Soledad, dueña del Ford Ka, entre lágrimas, aseguró sentirse víctima de una manipulación que jamás imaginó y confesó que cargar con este episodio le provocó consecuencias irreparables
Por primera vez, Soledad, dueña del Ford Ka que Claudio Barrelier habría utilizado para trasladar y descartar el cuerpo de Agostina Vega, contó el profundo impacto que este hecho tuvo en su vida. Entre lágrimas, aseguró sentirse víctima de una manipulación que jamás imaginó y confesó que cargar con este episodio le provocó consecuencias irreparables.
La desaparición y posterior hallazgo sin vida de Agostina Vega conmocionó a toda Córdoba. Pero detrás de la investigación judicial existe otra historia marcada por el dolor: la de Soledad, la mujer que, sin saberlo, terminó vinculada al caso por haberle prestado su automóvil a quien hoy se encuentra detenido e imputado por el femicidio.
“Me arruinó la vida”, resume con angustia al recordar el momento en que comprendió que el vehículo que le había facilitado a su expareja habría sido utilizado en uno de los hechos más aberrantes de los últimos tiempos.
Soledad mantuvo una relación sentimental con Claudio Barrelier durante algunos meses. Según relató, se trató de un vínculo intenso, atravesado por idas y vueltas, que ya se encontraba prácticamente terminado cuando ocurrió el crimen. Con el paso de los días, comenzó a revisar cada conversación, cada actitud y cada recuerdo compartido con quien consideraba una persona de confianza. Hoy siente que fue engañada desde el primer momento.
“Ahora me doy cuenta de que me utilizó. Me mintió durante toda la relación”, expresó.
El lunes feriado del 25 de mayo, Barrelier le pidió nuevamente el Ford Ka. No era algo inusual: durante la relación había conducido el vehículo en numerosas oportunidades. Por eso, aunque una sensación extraña la invadía, no sospechó nada fuera de lo normal.
“Nunca imaginé algo así. Jamás se me cruzó por la cabeza que pudiera usar mi auto para algo semejante”, afirmó.
Sin embargo, recuerda que aquella mañana tuvo un presentimiento difícil de explicar. Intentó convencerlo de que se quedara con ella y evitara salir, pero él insistió en marcharse argumentando que debía llevar ropa a un familiar.
Esa decisión, que en ese momento pareció cotidiana, terminó convirtiéndose en una carga imposible de sobrellevar.
Desde que el caso tomó estado público, Soledad asegura que debió enfrentar señalamientos, comentarios y sospechas que afectaron profundamente su vida personal y laboral.
Durante años construyó una imagen y una trayectoria que, según cuenta, quedaron repentinamente expuestas al juicio social por un hecho del que nunca participó ni tuvo conocimiento.
“Trabajé seis años en el mismo lugar para que ahora digan cualquier cosa de mí”, lamentó.
La mujer sostiene que jamás observó comportamientos que le permitieran anticipar semejante desenlace. Incluso recordó que Barrelier habló con familiares de Agostina delante suyo y respondió preguntas con una seguridad que no despertó ninguna alarma.
Esa aparente normalidad es, precisamente, lo que hoy más la atormenta.
“Si hubiera sospechado algo, si hubiera visto algo raro, jamás le habría prestado el auto”, aseguró.
Mientras la Justicia avanza en la investigación para esclarecer todos los detalles del femicidio de Agostina Vega, Soledad intenta reconstruir una vida atravesada por el dolor, la culpa involuntaria y el peso de haber confiado en la persona equivocada.
Su relato deja al descubierto otra dimensión de la tragedia: la de quien, sin saberlo, terminó siendo utilizada como una pieza más en el plan de un presunto asesino.
“Me arrepiento de haberlo conocido”, concluye. Una frase breve que resume el derrumbe emocional de una mujer que asegura haber perdido la tranquilidad, la confianza y parte de su vida por haber prestado un automóvil sin imaginar el horror que ocurriría después.
FUENTE: El Doce.tv