El fin de la Argentina “barata” y una carga impositiva que asfixia la competitividad regional generan un contexto adverso para estas industrias. Un panel de expertos compartió experiencias y planteó posibles soluciones.

El contexto económico argentino atraviesa una transformación estructural que tiene impacto específico en la hotelería y la gastronomía, sectores que actualmente se ubican en el bando de los “perdedores” en esta transición.
Entre los elementos que influyen en esta situación se incluyen el fin de la “Argentina barata”, una carga impositiva que asfixia la competitividad regional y la urgencia de una reconversión tecnológica para sobrevivir a la caída del consumo interno.
Este escenario se planteó durante un panel que analizó el negocio de estas dos actividades frente a la coyuntura y que contó con la participación del economista Matías Surt, de la consultora Inveq; y los empresarios Ignacio Bordón, Alejandro Cilley y Patricia Durán Vaca, coordinados por la periodista Silvia Naishtat.
Según explicó Matías Surt, el escenario de 2022 y 2023, caracterizado por un desorden cambiario y una brecha profunda, generaba un incentivo artificial para el turismo receptivo. En aquel entonces, Argentina era, por lejos, el país más barato de Latinoamérica en términos de dólares.
Sin embargo, la política actual ha revertido esta tendencia con una celeridad que dejó poco margen de maniobra. “Pasamos en poco tiempo de ser un país muy barato en dólares a ser un país caro en dólares, donde la relación para el turista internacional cambió muchísimo”, señaló.
Dijo que el impacto es tangible en las estadísticas oficiales: el país perdió aproximadamente un millón de turistas internacionales, pasando de recibir más de 6,5 millones a situarse cerca de los 5,4 millones. Este encarecimiento en moneda dura no solo ahuyenta al extranjero, sino que incentiva al argentino con resto económico a buscar destinos en el exterior, compitiendo directamente con la oferta local.
Los costos y la asimetría regional
Uno de los puntos más críticos señalados durante el panel fue la disparidad de condiciones frente a los vecinos regionales. Ignacio Bordón, que participó en su rol de vicepresidente de FEGRA, fue contundente al comparar la estructura de costos de Argentina con Chile y Uruguay.
Bordón, hijo del exgobernador mendocino José Octavio Bordón y dueño de la franquicia de KFC en Uruguay, entre otros negocios del sector, dijo que si bien el salario neto de un trabajador de fast food es similar en la región —rondando el equivalente a 600 Big Macs—, la diferencia radica en lo que el Estado le retiene al empleador en concepto de contribuciones partronales y otros tributos.
Detalló que en Argentina, al empresario le cuesta un 65% extra sobre el salario neto del empleado. En Uruguay, ese costo adicional es del 40%. En Chile, la carga es de apenas el 30%.
Esta presión se traslada directamente a la rentabilidad y a los precios finales. La incidencia impositiva total en la gastronomía y hotelería argentina ronda el 40%, mientras que en Chile es inferior al 20% y en Uruguay se sitúa 10 puntos por debajo de la local.
Según Bordón, esta industria, que es una fuerte generadora de mano de obra y requiere una inversión intensiva en bienes de capital, necesita igualar condiciones para no quedar fuera de juego en la competencia regional. “Esta coyuntura genera ganadores y perdedores. Por el momento, nuestra actividad está del lado de los perdedores, junto con otras industrias como comercio y construcción”, sintetizó.
A pesar de los reclamos del sector, las perspectivas de una reforma tributaria profunda parecen lejanas. Matías Surt advirtió que, aunque el “Impuesto País” desapareció a principios de 2025, la situación fiscal del gobierno es “muy justita”. Dado que el ancla del programa económico es el equilibrio fiscal, es poco probable que se produzca una reforma que elimine los “malos impuestos” que dañan la forma de hacer negocios en lo que queda del actual mandato.
Fuente: Ambito Financiero noticias